Pese a una reforma limitada sobre la marihuana, lo mejor está por venir

Nota del editor: Fernando Belaunzarán es filósofo y político. Licenciado en Filosofía por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, fue diputado federal del PRD por la Ciudad de México en la LXII legislatura de 2012-2015. Forma parte del consejo editorial de la revista El punto sobre la i, de la organización Demócratas de Izquierda A.C.. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autor.

(Expansión) — Hay reformas cuyos alcances son mayores que lo que indican los artículos modificados, suprimidos o adicionados. Es el caso de la llamada “marihuana medicinal” recién aprobada por el Congreso mexicano, cuyo significado simbólico rebasa por mucho el tamaño de lo logrado. Su trascendencia radica en lo que presagia, en el camino que inaugura, en haber dado el primer paso -siempre el más difícil en temas con resonancias morales- y haber roto el tabú. Lo mejor está por venir.

No es cosa menor que por fin se hayan puesto los pies en la ciencia y se reconozcan las propiedades médicas y terapéuticas de una planta por tanto tiempo satanizada con prejuicios y mentiras para transmitir temores infundados. Eso no quiere decir que la marihuana sea inocua, pero sí que sus riesgos se pueden atajar mejor con información confiable y basada en evidencia. Si la prevención ha fracasado en México es porque se construyó con base en el miedo y la coacción, en lugar de en la educación y la autonomía.

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