#MarihuanaMedicinal: se rompió el tabú

El primer paso suele ser el más difícil, sobre todo en temas con resonancias morales, donde el conservadurismo ha echado hondas raíces -como es el caso de las drogas. Por eso, aunque el paso sea pasito, siendo el primero vale la pena celebrarlo; sería un error subestimar el valor simbólico de que oficialmente se reconozcan propiedades y usos legítimos de una planta que ha sido absurdamente satanizada durante un siglo y que, por fin, pueda ser cultivada legalmente en nuestro país, así de inicio sea solo para fines médicos y científicos. Se vencieron prejuicios, rompimos el tabú, por fin detuvimos en la legislación la perniciosa inercia prohibicionista y avanzamos en la dirección correcta, beneficiando a familias y pacientes… ¡Albricias!La reforma recién aprobada por el Congreso Mexicano es modesta y limitada y, por lo mismo, deja muchos pendientes incluso en lo referente a la marihuana medicinal. Si bien es un avance innegable que se permita a los médicos recetar medicamentos y sustancias terapéuticas de derivados del cannabis, su producción nacional tardará. Las medicinas propiamente dichas, que por el momento son pocas y caras en el mercado por lo reciente, desigual y accidentado del fin de la proscripción, deberán importarse en tanto las universidades y farmacéuticas obtengan resultados de sus investigaciones, cumpliendo protocolos que los acercan a la década. En el caso de los aceites que dan tan buenos resultados para distintos padecimientos seguirán sin producirse legalmente en el país.

En efecto, los padres de la niña Grace Elizalde que conmovió al país tendrán que seguir importando su remedio de Estados Unidos, país en el que se encuentra en centros comerciales como “suplemento alimenticio”, pues la presencia de Tetrahidrocannabinol (THC) es tan pequeña que no lo consideran un producto psicoactivo. Es decir, ni siquiera para quienes padecen enfermedades que se tratan exitosamente con Cannabidiol (CBD), sustancia no psicoactiva y de efectos secundarios inocuos, podrá producirse legalmente los aceites que se requieren. Esto contrasta con legislaciones de otras partes del mundo, incluso de América Latina, donde garantizaron su producción nacional, como es el caso de Colombia, Chile, Brasil o Argentina.

Los trámites y el costo de la importación harán que los beneficios sean elitistas, para aquellos que puedan hacer gestiones en la COFEPRIS y pagar un producto con el sobrecosto de traerlo del extranjero y pagarle su parte al agente aduanal. Eso no le solucionará las cosas a muchas familias que la necesidad los ha llevado a cultivar cannabis en sus casas y producir sus aceites de manera artesanal y clandestina, sea que requieran THC o CBD, basándose en tutoriales que encuentran en youtube, arriesgando su libertad por atender el derecho a la salud de sus hijos, padres, tíos, abuelos, hermanos, amigos, lo que supuestamente garantiza la Constitución.

Al pasar el THC del grupo 1 al grupo 2 del Artículo 245 de la Ley General de Salud se avanza en el aprovechamiento medicinal y terapéutico de esa sustancia, pero resulta insuficiente que con menos de 1% se coloque en el grupo 4 de ese mismo artículo porque así se le sigue considerando psicoactivo, lo que evita la producción por fuera de la excepción médica y científica que los circunscribe a universidades y empresas farmacéuticas. Si se permitiera el cultivo de cannabis no psicoactiva -en otros países es con menos de 2%, 1% o 0.3% de THC– no sólo se resolvería la generación de productos terapéuticos de CBD sino también el llamado cáñamo industrial con el que se producen casas, autos, papel, textiles, cremas, combustibles, portafolios, así como suplementos alimenticios, etc.

Los adversarios de la iniciativa argumentan que la “marihuana medicinal” es el paso previo para el uso personal del cannabis. Por fortuna, pienso que tienen razón y así ha sido en otros países. Estamos en el inicio del camino y falta mucho por recorrer. México sufre una crisis humanitaria por la violencia generada por la fallida guerra contra las drogas y urge cambiar el paradigma. Fue lamentable que rasuraran la iniciativa del presidente Enrique Peña Nieto, dejándola sin la descriminalización ni el establecimiento de una portabilidad razonable de marihuana para que los consumidores ya no sean extorsionados o encarcelados.

Pero debemos ir más allá de lo originalmente planteado por Peña. La Sala Primera de la Suprema Corte de la Nación ya determinó que, con base al libre desarrollo de la personalidad tutelado por el artículo primero constitucional, es derecho de los adultos consumir marihuana y tener una forma legítima de adquirirla. Por tanto, es responsabilidad del Poder Legislativo elaborar una regulación que permita a los ciudadanos ejercer ese derecho en armonía con otros. Tenemos que arrebatarle el mercado al narco. Con ello, además, se legalizaría el uso terapéutico de la flor, como la utiliza Norberto Rivera para tratarse reumas en la espalda o los enfermos crónicos y/o terminales que inhalada o digerida les ayuda a reducir dolores, evitar mareos, pasarla mejor.

Muere mucho más gente por combatir las drogas que por consumirlas. Es un crimen mantener políticas públicas desastrosas que han ensangrentado al país, extendido el dolor a incontables familias y deteriorado los derechos humanos. Las drogas entrañan peligros, sin duda, pero la prohibición las hace mucho más peligrosas. Esa es nuestra irrebatible y desgarradora experiencia. Es tiempo de acabar con la absurda guerra y priorizar la prevención, la descriminalización de consumidores, la reducción de daños, el tratamiento a usuarios problemáticos –según la ONU son el 10% de los que consumen drogas ilegales- y la regulación de drogas, desde la producción hasta el consumo, pasando por el procesamiento, la distribución y la venta.

El primero de enero de 2018, California inicia la implementación del uso personal de la marihuana. Sólo ese estado tiene más habitantes y más peso económico que las otras ocho entidades que en esa nación han decidido regularla para todo fin, con el apunte de que es frontera con México. La reducción de la demanda de cannabis mexicana en Estados Unidos hará que buena parte de lo que se traficaba al otro lado del Río Bravo se quede acá, haciéndola más accesible y barata con todas las agravantes del pernicioso mercado negro; además, el tráfico cambiará de dirección. Ya hay marihuana norteamericana en nuestro país y eso se incrementará, pues allá hay control de calidad y existen consumidores mexicanos dispuestos a pagar más por contar con esa garantía. El peor de los mundos si no cambiamos.

Por cierto, también Canadá implementará la regulación de la llamada “marihuana recreativa” el próximo año. Así que mientras nuestros principales socios comerciales hacen negocio con cannabis y respetan derechos de productores y usuarios, acá nos seguimos matando, no obstante que cuando se firmó el TLC México era el productor. Allá generan industria, acá muertos, desaparecidos, desplazados, torturados y encarcelados.

México por fin dio el primer paso y rompió el tabú. Por eso celebro festivamente la aprobación de las modificaciones a la Ley General de Salud y al Código Penal. Un paso pequeñito, pero vendrán muchos más. El viento empieza a cambiar dirección y lejos de conformarnos, nos alienta a redoblar esfuerzos. Que no quede duda, seguiremos empujando. Esto apenas comienza. ¡Enhorabuena!

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